Hablar de Design Thinking normalmente trae errores. No porque los busquemos o estemos mal, sino porque tenemos ideas muy variadas gracias a la información que está disponible allá fuera, que puede venir de personas que no entienden por completo los porqués del proceso.

Si la razón detrás de nuestras acciones basadas en Design Thinking es empatizar, idear y crear, vamos por el camino correcto. Es muy fácil creer que sólo hablaremos de diseño, de estética, de un resultado final e incluso, de un trabajo visual. Nos estaríamos equivocando. El diseño es muchísimo más amplio que limitarse a hablar de imagen. El diseño es funcionalidad para las personas; es configurar algo e interpretarlo para que alguien pueda disfrutar de ello. 

Ese es uno de los primeros errores, ser demasiado estrictos con el nombre de Design Thinking. En realidad, los grandes innovadores de la literatura, el arte, la música, la ciencia y los negocios han utilizado este proceso para solucionar problemas.

Y por más simple que parezca, para eso es: Para solucionar problemas. Claro, al hacerlo, estamos proponiendo una nueva forma, un camino creativo e innovador que nos trae un resultado único pero no deja de estar basado en solucionar un problema.

Y este pensamiento, me lleva a reconocer otro de los errores comunes. Los problemas son de la gente, no de las cosas. Independientemente del rol que cumplas, te vas a topar con una problemática y tener la mente en un proceso como Design Thinking te puede ayudar, no sólo a resolverlo, sino a aprovechar las oportunidades que surjan a través de él. 

Cada persona es un ángulo distinto para una situación en común. Entonces, ¿cómo podemos abordar tantos puntos de vista para un sólo resultado? Esta pregunta nos lleva a un tercer error. Olvidarnos de la persona, por concentrarnos en el objeto.

Tener un negocio, es obviamente para la búsqueda de resultados financieros. Pero ese negocio se nutre de gente, tanto dentro de la organización como por fuera, como serían nuestros consumidores. Al centrar nuestras ideas y nuestros modelos en las personas, nuestro pensamiento se vuelve más fuerte, inclusivo y llegamos más rápido a la innovación. 

 

El factor humano en la innovación

Los frameworks, los post-its, los pizarrones blancos y miles de herramientas más, son sólo eso. Las ideas basadas en la gente, realmente son las que debemos de buscar. Sería un error más, pensar que las herramientas traen la innovación cuando en realidad es el factor humano. ¿Cuántos negocios dieron un volantazo porque alguien compartió en una sala de juntas un comentario que desencadenó un pensamiento distinto al habitual?

Para estos errores, hay miles de soluciones. Pero algo que me gustaría compartir es que para todos ellos, el Design Thinking es un formato para tratar de darles la vuelta y convertirlos en oportunidades. Si hoy conocemos sobre metodologías y procesos para ayudarnos a “pensar en diseño”, usémoslas para ayudarnos, para alcanzar diferentes objetivos, para seguir explorando y para llegar a nuevos lugares, de forma creativa. Eso, siempre será innovador.

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