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    Los líderes visionarios tienen mucho más que una visión empresarial


    La visión empresarial son las estrategias que en conjunto te llevan a los objetivos de la dirección y ésta va de la mano con la visión estratégica de negocio que es la habilidad que tiene un líder de comprender y anticiparse ante los cambios del mercado.

    Esto lo logra mediante la observación y análisis de su contexto. Por ello, es de gran importancia, no solo que un líder tenga esta “visión” del escenario completo, sino que pueda ser una fuente de motivación, información e inspiración para el capital humano. Sin este empuje hacia el aprendizaje y compartir información, una organización no puede tener una visión a futuro accionable.

     

    La necesidad de una visión estratégica en un líder

    Para que una organización logre sus objetivos a largo plazo y, por ende, pueda crecer y transformarse, debe tener un líder estratégico con un buen grado de conocimiento del entorno organizacional.

    Un líder estratégico es un planificador que toma decisiones alineadas a las estructuras y procesos de la organización. Sin embargo, para que la implementación de sus resoluciones tenga éxito, el líder o gerente debe basar sus acciones en cuatro aspectos:

    • Definir correctamente cuáles son los grandes objetivos.
    • Comunicar efectivamente las metas a todos los miembros de la organización.
    • Controlar la implementación de dichas metas.
    • Determinar cómo esos objetivos pueden ser refinados, cambiados, reforzados o modificados, para posteriormente repetir el proceso.

     

    Capital humano: el eje más importante de la organización

    El concepto de capital humano se refiere a la capacidad productiva de una organización, que se basa en la formación de sus colaboradores y en su experiencia en el trabajo.

    Contar con colaboradores comprometidos y de alta calidad tanto humana como profesional es la única ventaja competitiva permanente que tiene una organización. Todo lo demás, ya sean equipos, tecnología, inmuebles pueden ser comprados, no así un equipo integral. 

    Este debe ser creado, aunque una organización cuente con la mejor tecnología, ofrezca el mejor y más innovador producto, quienes realmente hacen posibles y tangibles los proyectos, son las personas dentro de la organización. Son ellos quienes aportan las ideas y las ponen en práctica. En este sentido, se hace vital implementar políticas de incentivos para los colaboradores, donde no sólo se tomen en cuenta las necesidades de la organización, sino las de los miembros del equipo.

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    Líder visionario como fuente de aprendizaje

    El líder debe ser fuente de inspiración y conocimiento, pero también un empuje para que todos busquen aprender constantemente. 

    La visión del líder es los ojos hacia el futuro, ya que un líder debe estar enfocado a motivar a su personal, si no tiene visión no puede ser guía de nadie. Por ejemplo, si el propósito o sentido del negocio no existe, sino, solo la noción de capitalizar, no hay manera de darle continuidad al proyecto, ya que no hay quien motive a evolucionar. 

    En este caso, queda claro que el liderazgo es la habilidad de un coordinador, gerente o director para influir en su equipo y gestionarlo. Un buen líder debe motivar a su equipo a alcanzar sus metas y a tener un aprendizaje constante.

    Un buen o mal liderazgo tendrá su reflejo directo en el rendimiento de la compañía. Una forma de dirigir a los empleados es positiva cuando se amolda a los ideales y a la filosofía del grupo. Además, un buen liderazgo se traduce en mayor rendimiento, empleados motivados, mayor competitividad y en última instancia el incremento de los beneficios.

    Para elegir entre los diferentes tipos de liderazgo hay que conocer las cualidades de los empleados y ajustarse a los valores de la compañía. Pero, además, el momento económico por el que esté pasando el grupo será otro factor determinante.

     

    Existen distintos tipos de liderazgo:

     

    El liderazgo autocrático concentra todo el poder en un solo directivo y no deja espacio a las opiniones de los subordinados. En este caso, la jerarquía es rígida y la comunicación es unidireccional.

    En el liderazgo democrático se busca la participación de todos los empleados en la toma de decisiones. El diálogo es constante entre todos los miembros del grupo de trabajo. No obstante, la decisión final la tomará el jefe. Los empleados se sienten involucrados con la compañía, lo que aumenta su compromiso y productividad. Además, incentiva la innovación y la creatividad del grupo.

    Liderazgo transaccional: este se basa en transacciones entre los altos cargos y el resto de la plantilla. Los trabajadores reciben algún tipo de premio como compensación por alcanzar un objetivo. En este caso, las recompensas o incentivos que reciben los trabajadores se traducen en mayor motivación.

    El líder transformacional se centra en el capital humano. Para él, la transformación de una organización solo puede llegar a través de los empleados. Por ello, mantiene una comunicación constante con su grupo para contrastar ideas y definir estrategias compartidas. Este tipo de jefes sabe motivar a su equipo e inspirarlo. Y sabe cómo premiarlo para maximizar su creatividad y su productividad.

     El líder laissez faire confía en sus empleados y les deja cumplir con su puesto con una mínima intervención. Se basa en la idea de que los trabajadores experimentados incrementan su productividad con menor supervisión. Por ello, para los empleados supone más autonomía, y eso les hace sentirse valorados y motivados. Además, no se sienten limitados por las directrices y pueden ser más creativos e innovadores.

    Cada grupo de trabajo y cada situación económica responderá mejor ante un tipo de liderazgo. Los responsables de la corporación deben ajustar el modo de gestión de sus directivos para dar con el más adecuado en cada momento.

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    Adaptación para el futuro

    Tener un plan es esencial, pero no suficiente, no se trata de seguirlo al pie de la letra; más bien, se puede tener como refuerzo para adaptarse a lo que puede venir.

    Todos los indicadores económicos importantes apuntan a que el mundo avanza a un ritmo vertiginoso. Los riesgos financieros, sociales, medioambientales y políticos aumentan también de forma exponencial.

    En este nuevo escenario, el gran desafío al que se enfrentan los líderes empresariales es cómo mantenerse competitivos y crecer de manera rentable en medio de constantes turbulencias y alteraciones. 

    El problema fundamental es que aquellas compañías que han logrado superar la fase inicial de implantación progresan por su eficiencia antes que por desarrollar su agilidad estratégica; es decir, por su capacidad de aprovechar las oportunidades y esquivar las amenazas con rapidez y seguridad. 

    Podríamos citar cientos de ejemplos en este sentido, como la empresa Borders and Research in Motion (RIM), que, aún siendo consciente de la necesidad de un considerable cambio de estrategia, no fue capaz de ponerlo en marcha con la velocidad suficiente y acabó desbancada por competidores más diligentes.

    En el pasado, las compañías rara vez revisaban sus estrategias básicas, aun cuando todas deberían de hacerlo con recurrencia, debido al entorno cambiante y la feroz competencia que hoy se vive en el mundo de los negocios. 

    Aunque la estrategia es fundamental, si un líder no sabe motivar a su equipo, no hay manera de mover a la organización hacia la innovación. Ahora que ya conoces los tipos de liderazgo y las dificultades del cambio exponencial, elige el mejor para tu compañía.

     

    Pero antes de hacer una estrategia para tu negocio, primero es necesario comprender la cultura organizacional de la misma. Define bien tu misión y objetivos para que puedas obtener los resultados deseados. 


    En v09, ayudamos a los líderes visionarios a articular los rasgos culturales de sus organizaciones para construir narrativas que inspiren a las personas y sean fuente de cambios positivos.

     

    Nueva llamada a la acción