Se entiende como una transición el cambio de una etapa a otra; ese ‘inter’ en el que se pasa de un estado al siguiente. Pensaba cómo algunos momentos históricos del mundo implicaron cambios desde una etapa de estabilidad duradera, hacia una nueva realidad de largo plazo. 

Pienso en la Revolución Industrial, por ejemplo: después de muchos años de trabajo en escalas limitadas, de pronto, existió un cambio hacia el comienzo de las líneas de producción, la ciencia de la administración, y la producción en serie con la ayuda de máquinas. Sin duda, hubo una transición muy notoria: decenas de décadas de hacerlo de una forma, hacia decenas de décadas de hacerlo de otra.

Pienso que hoy vivimos en un mundo en transición constante y sin final aparente. Es cierto que cambiamos de un estado a otro igual que antes, sólo que ahora, la gran diferencia es que ese estado no termina de asentarse cuando comenzamos el siguiente movimiento.

Claro que habrá momentos y acontecimientos que marcarán hitos en la historia del mundo, pero todo el tiempo estaremos presenciando nuevos cambios de rumbo y de planes. Y eso está bien.

Todo esto lo pienso en el marco de un momento de transición para la agencia que es digna de celebrar: nuevas formas, estructuras y oportunidades. Diría que más que transición es una metamorfosis. Nunca hemos dejado de cambiar y tal vez nunca dejaremos de hacerlo. Y eso, está bien.

 

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